La pintura abstracta se ubica al lado de la naturaleza física como un organismo autónomo con vida propia. La creación plástica se apodera de imágenes virtuales y le confiere sentido, no como una extensión de la realidad, si no como algo significativo en un nuevo contexto de orden estético, ético o poético.
El potencial de este proceso va más allá del acto de creación y transita en el comportamiento sensible del receptor que la contempla.
Capaz de aislar la imagen, el color y la forma, la pintura de Mónica escapa a clasificaciones convencionales. Su fuerza radica en su frescura y en su propia superficie visible y concreta. Esta materialidad otorga valores intrínsecos al producto de intuiciones y sensibilidades.
Es meritorio llegar a poseer un lenguaje de admirable espontaniedad y una intuición transparente. La intensidad y la fortaleza propician en sus espacios plásticos un contenido espiritual poco común.

M.L..G.